Duele... y luego ¿qué?
SALUD EMOCIONALTANATOLOGÍA
Nataly Vivian
7/1/20252 min read
Todos hemos sentido alguna vez ese nudo en la garganta, ese momento en que algo cambio para siempre y dolió más de lo que pudimos explicar.
Antes de comenzar me gustaría agregar la definición de DOLOR de manera general.
La palabra dolor proviene del latín dolor, doloris que significa pena, sufrimiento, molestia. Según la Asociación Internacional Para El Estudio Del Dolor lo describe como una experiencia sensorial y emocional desagradable. El dolor está regulado por el sistema nervioso central y periférico, e influenciado por neurotransmisores como las endorfinas, dopamina, serotonina, entre otros.
Pero por qué el dolor nos importa, porque nadie se ha salvado ni se salvará de vivirlo alguna vez, es parte de nuestra experiencia humana; quien no ha escuchado la famosa frase de "crecer duele" y más allá de lo aparente y obvio que esto pueda ser por todos los cambios físicos que experimentos a lo largo de la vida; hoy escribo para mencionar y reconocer aquellos dolores del alma (emocionales) que sí también pueden ser sentidos en el cuerpo, pero que pocas veces validamos.
El dolor no es un error del sistema, es la consecuencia de estar vivo/a.
El dolor emocional evitado NO DESAPARECE , se acumula, se disfraza y en algún momento tarde o temprano aparecerá. Intentamos huir de mil formas: distracciones, excesos, negación para no "sentir" pero el dolor algún día te va a ALCANZAR.
¿Porqué hablar de nuestros dolores emocionales ayuda?
Da forma: Poner en palabras algo obliga a organizar, muchas veces no sabes bien que es lo que sientes hasta que intentas explicarle a alguien más y esto da mayor claridad "ah era enojo, era miedo a quedarme solo/a".
Rompe el aislamiento: El dolor en aislamiento suele venir acompañado de ideas difusas "esto me pasa solo a mi" y te puede dejar atrapado/a en un bucle de desesperanza y soledad.
Regula la carga fisiológica: Cuando se reprime una emoción, el sistema nervioso se mantiene activado, en alerta. Hablar, llorar permite que esa activación baje y se regule.
Permite resignificar la historia: Cada que hablamos de nuestro dolor nos permite digerirlo un poco más y nos brinda la oportunidad de verlo desde un lugar nuevo, no es que el hecho cambie, pero podemos pararnos en otro sitio en la historia, uno más amable.
Pero se tiene que hacer una aclaración importante hablarlo no es lo mismo que rumiarlo. Hay un enorme diferencia entre procesarlo (esto pasó, esto sentí, esto significo) a quedarse atrapado en la herida sin moverse de ahí sin niguna elaboración nueva.
El dolor no pide permiso para llegar, no importa cuánto lo evitemos, cuánto nos distraigamos o cuánto intentemos controlar lo incontrolable, siempre encuentra la forma de alcanzarnos.
No hay anestesia que dure para siempre, pero tampoco hay dolor que atravesado se quede exactamente igual.
