Merecimiento: La creencia de no sentirnos suficientes

¿Cuántas veces has sentido que debes esforzarte más para ser amado (a), reconocida (o) o elegido (a)?

PSICOLOGÍA

Nataly Vivian

6/6/20263 min read

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El merecimiento es un tema que sigue siendo abordado con frecuencia en sesiones terapéuticas. Como humanos seguimos desarrollando e interiorizando creencias y heridas por experiencias pasadas diversas, tales como el rechazo, el abandono, la crítica o la pérdida.

Para comenzar a entrar en contexto con el tema es importante definir o conceptualizar la palabra ¿Qué es el merecimiento? tiene sus raíces en el latín "merēre" que se relaciona con la idea de ganar, obtener o ser digno de algo. Es la idea que tenemos sobre ser personas valiosas, dignas de recibir algo, amor, reconocimiento, bienestar etcétera, por supuesto no está exento de subjetividad.

Pero antes de continuar más profundo sobre los significados del merecimiento, quiero mencionar que "merecimiento" y "meritocracia" son distintos entre sí. Aunque pueden parecer conceptos similares y comparten el vocablo "meritum" que es precisamente mérito, recompensa o aquello que se ha ganado, la meritocracia surge de un concepto social y político que parte de la premisa de que las posiciones, recompensas, privilegios deben distribuirse por esfuerzo, desempeño, logros etcétera suponiendo que todas las personas parten desde un mismo lugar; cuando en realidad existen diferencias de: clase social, salud, género y muchas más.

Haciendo esta breve pero importante diferenciación continuemos con el merecimiento: El merecimiento no necesariamente implica esfuerzo, se fundamenta más sobre la condición humana y sus valores morales, se relaciona también con la autoestima. Es la capacidad de aceptar que eres digno (a) de recibir cosas buenas como:

  • Amor

  • Respeto

  • Cuidado

  • Reconocimiento

  • Bienestar

No porque seas un ser perfecto, sino porque tienes un valor intrínseco como persona.

Sin embargo con bastante frecuencia nos encontramos con heridas emocionales que afectan la forma en que percibimos nuestro propio valor y esto influye en como creemos que debemos o merecemos ser tratados, lo cual nos lleva a experimentar sufrimientos día con día.

Cuando el merecimiento está herido suelen aparecer pensamientos como:

  • ¿Qué está mal conmigo o qué me hace falta?

  • No soy suficientemente buena (o)

  • Esto es demasiado bueno para ser verdad

Y esto nos encuentra con dificultades en la vida no solo de recibir amor, también cumplidos, ayuda, oportunidades, respeto, éxito y así con muchas otras cosas más que puedas pensar y en el fondo sentir que no lo mereces.

Entonces ¿Qué cambia cuando entendemos que nuestro valor no depende de cuánto somo capaces de producir, de cuánto damos o cuántas veces somos elegidos por los demás?

Primero podremos comenzar a vivir sin tener que demostrar constantemente que somos suficientes, podremos comenzar a recibir sin sentir culpa, podremos equivocarnos y saber que seguimos siendo valiosas (os).

Y la pregunta es ¿Cómo trabajamos un merecimiento sano?

Hay muchas creencias que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida a través de vínculos, experiencias y mensajes recibidos de otros. Por eso como punto de partida y retomando líneas pasadas debemos reflexionar sobre nuestra autoestima, cuestionar nuestros pensamientos sobre nosotros mismos, ¿Qué me digo con frecuencia? soy amable conmigo misma (o) o constantemente me crítico y me castigo ¿Cuánto me estoy comparando con los demás? Auto descubre y restructura las creencias sobre ti.

Una autoestima sana no implica pensar que somos perfectos o superiores, implica reconocer nuestras fortalezas sin necesidad de exagerarlas y aceptar nuestras limitaciones sin que estas definan nuestro valor.

Trabajar el merecimiento sano nace de aceptar que somos humanos, reconocer que habrá momentos de éxito y momentos de fracasos, días de confianza y días de vulnerabilidad. Ninguna de estas experiencias determina quiénes somos. Sanar implica recordar que nuestro valor permanece, incluso en medio de la imperfección, el duelo y los cambios de la vida.

¿Qué harías hoy si soltarás la pregunta de si eres suficiente y comenzarás a preguntarte como vivir reconociendo el valor que siempre ha habitado en ti?

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